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Tejiendo historias de vida

Las personas estamos hechas de historias: las que escuchamos cada día, las que nos contamos a nosotras mismas; nuestras propias historias de vida, que reescribimos constamente en colaboración con nuestras amistades, familias y comunidades, de las que somos inseparables.

Los acontecimientos inesperados, las situaciones traumáticas, las dificultades que siempre están presentes en mayor o menor medida en nuestras vidas, pueden hacer que nos resulte más difícil escribir nuestras historias; que tengamos la sensación de que se interrumpen, que no encontremos páginas en blanco para seguir escribiendo nuestro futuro.

En las comunidades, o en la sociedad como un conjunto de personas que comparten una cultura, el proceso es similar; después de un conflicto armado, de una situación de violencia política o de una catástrofe, se diluye la capacidad para contar la historia colectiva. La memoria compartida, las narrativas de resistencia, abren un proceso de recuperación y reparación imprescindible para fortalecer el tejido social y, cuando sea necesario, reconstruir una sociedad justa, equitativa.

En ambos procesos el grupo sostiene a las personas y las personas, a la vez, fortalecen el grupo, desarrollando habilidades de resiliencia que pueden potenciarse mediante:

  • Las prácticas narrativas, que abarcan diferentes maneras de entender nuestras historias de vida y devolvernos la autoría de las mismas, la capacidad de reescribir nuestra propia historia. El enfoque narrativo tiene en cuenta los acontecimientos vividos, el contexto, las creencias de cada persona.
  • Las estrategias de autocuidado, entendiéndolo como un derecho de todas las personas y enmarcándolo en un modelo  basado en el autoconocimiento, en la identificación y manejo de las emociones desde la aceptación (que no resignación); un modelo que recoge la vulnerabilidad y también la cooperación como fuentes de fortaleza y resistencia.
  • La escritura como herramienta fundamental en las prácticas narrativas y, a la vez, como un acto de libertad creativa que nos permite ordenar nuestras vivencias, conectar con nuestras fortalezas, contemplar nuevas perspectivas.
  • La narración oral, que conforma la memoria de cada territorio, de cada persona, potenciando a su vez la imaginación y la creatividad; la capacidad de narrarnos, comprendernos y proyectarnos en el futuro.

Nalú es una asociación para mejorar la capacidad para el autocuidado y la resiliencia de personas y comunidades, promoviendo las prácticas narrativas para devolvernos la posibilidad de reconstruir y reescribir nuestra propia historia.

¿Nos ayudas a empezar?